Yo sobreviví como dependienta en una tienda de juguetes

En unos días y tras mucho tiempo, demasiado tiempo, dejo mi trabajo “alimenticio” como dependienta en una tienda de juguetes. Llegó la hora de la verdad, de pelear por lo mío: la comunicación. Me voy, y permitidme el chascarrillo, lo hago por la puerta grande. Es el momento de echar la vista atrás, de recopilar y compartir algunas de las enseñanzas y lecciones que esta experiencia me ha aportado.

Cosas de niños y cosas de niñas

  • En pleno siglo XXI aún existe la creencia extendida de que cualquier juguete con ruedas es para niños y cualquier instrumento relativo al hogar es para niñas. Parece ser que los hombres son los que van al volante y las mujeres planchan, cocinan o hacen la compra.

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  • Las construcciones, son de niño; los muñecos, de niña.
  • Contar con una pink corner (esquina rosa) es esencial. Casualmente, ésta coincide con la sección “oficios” que, casualmente, dedica un gran espacio a las labores del hogar.
  • La enemistad de los niños con el rosa no existe. Son los padres, y también las madres, los que aquejados de una pinkfobia inusual para nuestro tiempo transmiten esta dolencia a sus hijos. Y no sólo el rosa, también el malva, el naranja e incluso el rojo están en peligro extremo de ser considerados “colores de niña”.
  • Las manualidades son cosa de niñas y la ciencia y la tecnología de niños. Por favor, ¿cómo se me ocurre que a un niño de 5 años vaya a gustarle moldear plastilina o colorear o que una niña de 10 pueda estar interesada en la astronomía, la química o la robótica?. Colleja para mí por intentar explicar que en los colegios niños y niñas comparten las mismas materias.

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  • Qué en el packaging aparezca la fotografía de una niña cantando es motivo suficiente para no comprarle un micrófono a un niño.
  • Vendiendo estos juguetes, ¿cómo no va a haber mariquitas?“. Frase escupida por un padre al posar su mirada sobre nuestras estanterías.

La belleza no siempre está en el interior

  • Si por algo destaca la tienda en la que he trabajado es por vender juguetes educativos y que transmiten al niño valores humanos positivos. La estrella es el peluche de un ratón, que al igual que sus amigos, es “imperfecto”. “Tiene una cabezota, un remiendo, una oreja más grande que otra… pero no importa, todos somos diferentes, todos somos especiales, y la belleza hay que buscarla en el interior”, le cuento al cliente /// “Vale, sí sí, ¿pero no tienes uno que esté bien hecho?, éste va a asustar al niño, es que es muy feo” /// “¿¿¡¡Qué!!??”

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Los niños listos, muy listos, listísimos

  • Abundan los niños listos, ¿qué digo listos?, muy listos, listísimos, superdotados, prodigios de la naturaleza… niños que con 9 meses ya no quieren juguetes, sino libros, y no, no libros de tela con texturas sino libros de papel. Y no, no les gustan por el sabor de las hojas al deshacerse y  mezclarse con su saliva, porque esta clase de niños -sus padres afirman que existen- no se llevan nada a la boca, no les va eso de chupar o morder con sus incipientes dientecitos. Eso no lo hacen los niños listos.
  • En una ocasión conocí un bebé de tan sólo 6 meses de edad tan tan tan listo que su madre era reacia a comprar su regalo de Reyes con él presente, no fuera a sospechar algo en tan renombrada fecha.
  • Los padres de los niños listos, muy listos, listísimos, te piden consejo por el mero placer de decir “uy no, eso es muy fácil para mi hijo”,ese juguete es demasiado simple” o directamente “vaya tontería”.
  • Los padres de los niños listos, muy listos, listísimos, también suelen ser superlistos y les encanta usar términos y expresiones de manual del tipo desarrollo psicomotor, juego simbólico, estimulación sensorial. No poseo datos del porcentaje que realmente sabe lo que está diciendo.
  • Los padres de los niños listos, muy listos, listísimos, ante un cochecito de los clásicos, de esos que no llevan pilas, no tienen luces ni sonido ni avanzan solos, exclaman: “¡¿Pero no hace nada?!”, “¿y cómo va a jugar con esto?”, “¡qué aburrido!”.

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  • Los padres de los niños listos, muy listos, listísimos te dicen: “es que lo único que veo en la tienda que puede gustarle a mi hija de 4 años es la tablet”.
  • Los padres de los niños listos, muy listos, listísimos son superlistos pero se han olvidado de ser niños. ¡Qué estrecho margen dejan a la imaginación y la creatividad!
  • El grado de inteligencia del niño o niña suele alcanzar cuotas inimaginables cuando los que compran son los abuelos.

Traficando con juguetes

  • En el lado opuesto de la madre del bebé superlisto que teme que éste descubra la oscura trama navideña, se encuentran toda una masa de padres, madres y abuelos a los que les va la marcha, que les sube la adrelina ante la perspectiva de ser pillados por sus niños. Otra explicación no le encuentro:

“Voy a llevarme esto” (me dice en un tono de voz casi imperceptible mientras en sus manos, a la altura de sus rodillas, sujeta un juguete) “Cóbramelo y envuélvelo pero sin que te vea el niño” /// En un rápido movimiento el juego pasa de manos, lo escondo bajo el delantal del uniforme, me dirijo a la caja y con disimulo, sin llamar la atención, paso el código por el lector, corto papel y envuelvo el regalo casi en cuclillas. Aún falta el momento del pago. Las monedas pasan de mis manos a las suyas velozmente, no vaya a verme el niño que deambula por la tienda inocente, sin saber el negocio que tiene lugar a su espalda. Desconozco las tácticas para camuflar la bolsa una vez fuera de la tienda. Pero aún en mis territorios… ¡oh, cómo el niño se de cuenta!. Tragedia. La culpa, evidentemente, mía.

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La fórmula: 4+ = 4

  • Es muy complicado entender que 4+ , significa a partir de 4 años y no exclusivamente para niños de 4 años.
    • “Hola, quiero un regalo para un niño de 5 años” /// “¿Qué te parece este … ?” /// “No, te he dicho que tiene 5 años y ese es para niños de 4” /// Empieza la disertación sobre “a partir de, es la edad mínima, de 3 en adelante” que irrevocablemente suele conducir al “es que es muy listo”.
  • Y lo mismo ocurre, con el 6m+, 1+, 3+, 7+, etc.
  • Caso extremo de flagrante injusticia:
    • Una niña, pongámosle por nombre Sofía, aproximadamente 8 años, ayuda a su madre a elegir regalo para su primo, de su misma edad /// “Mira mamá ¿Qué te parece ésto?”, dice señalado un juego de pasta de moldear en cuyo packaging se indica 4+ /// “¡Pero tú eres tonta, eso es para niños de 4 años!” /// “No, mamá, es para más de cuatro” /// “¡Siempre eliges cosas de bebé, lamentable!” /// Acto seguido la madre prueba un muñequito de cuerda, se ríe histriónicamente y decidida lo compra. 3+ puede leerse en la etiqueta del muñeco.

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Los niños y las niñas, ¿siempre con sus papás?

  • Nada más atractivo para un padre sin ideas y opciones (sobre todo cuando hace mal tiempo) que dejar al niño en una tienda de juguetes. La diversión está asegurada. Y utilizo el verbo dejar con toda la intención. Dejar al niño mientras vas al baño, dejarlo mientras vas a comprar un regalo a otra tienda o dejarlo mientras te tomas un café (entiéndase que la tienda de juguetes en cuestión está dentro de un centro comercial).

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  • Dos situaciones:
    • Perdona peque, ¿con quién estás?, no puedes estar solito en la tienda /// Estoy con mi abuela, está fuera, tomádose un café /// Pues ve y dile que tiene que entrar contigo /// El niño, le calculo unos 4 años, sale y regresa 30 segundos después. Repetimos escena uno. Le “echo” y regresa otros 30 segundos después con un billete de 5€ en la mano. Repetimos escena uno, se va y vuelve 30 segundos después, esta vez con su abuela enfadada /// “¡Pero si ya le he dado dinero para que compre algo!” /// “Disculpe señora, a mi no me importa que su nieto compre o no, por mí pueden pasarse 5 horas en la tienda sin comprar, pero JUNTOS. Esto es una juguetería, no una ludoteca o un parque de juegos, yo no tengo que ser responsable de su nieto, usted sí”.
    • Niña sola en la tienda a la que miro por el rabillo del ojo mientras cobro. Trepa por una estantería, coge un producto y se dispone a salir corriendo para enseñárselo a su madre que merienda con unas amigas en la cafetería de enfrente. Dejo de cobrar y la intercepto cuando ya ha franqueado la puerta. Le digo que no puede estar sola y menos salir con un producto (aunque sólo quisiese enseñárselo a su madre). 30 segundos después la niña regresa bañada en lágrimas y la madre indignada me dice: “¿Por qué habéis hecho llorar a mi niña?, he tenido que dejar de tomar el café“.
  • Después, evidentemente, están los padres que ante mi renuncia tajante a asumir funciones no remuneradas de niñera rectifican y se disculpan. Gracias por la comprensión.

¿En qué puedo ayudarle?

  • La teoría: un experto (el dependiente) está para atender al invitado (el cliente de toda la vida). Para escucharle, para asesorarle, dar respuesta a sus necesidades, hacer que su proceso de compra sea satisfactorio. La práctica: VENDER, VENDER, VENDER. Y para ello se hace todo lo que haga falta.
  • A veces y a pesar de mi buena voluntad, el cliente se va insatisfecho. Ejemplo:
    • ¿Podría traer mis CD para comprobar que el reproductor de música funciona bien?” /// “Sí, por supuesto” /// Un rato después me encuentro probando 32 CD (¡¡¡32!!!) /// “Perfecto, me lo llevo” /// “No, lo siento, no puede pagar con la tarjeta de crédito de su marido, normas de la empresa” /// “¡Serás palurda, pues no me lo llevo!” /// ¡¡¡32 CD!!!
  • Hay, además, ocasiones en las que la demanda no se adecúa a la oferta:
    • “¿Tienen carritos de la compra?”/// “Sí, señor, aquí tiene” /// “No, no, de juguete no, uno de verdad” /// “No, lo siento, somos una tienda de juguetes” /// “Pues yo compré uno en esta tienda hace unos años, estoy seguro”
    • ¿Un masajeador de cara?
    • “¿Un bastón?”
    • ¿Unos preservativos?” (adolescentes graciosos)

Tipos de hijos

  • No soy psicóloga, no tengo formación sobre el temperamento humano y cómo este se moldea en la infancia, pero tras mis “estudios” como dependienta en una tienda de juguetes concluyo que existen varios tipos de niños:

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  • El niño adorable: curioso, inteligente, divertido, agradable, tranquilo, educado. Como todo niño disfruta mirando, toqueteando, jugando, pero lo hace con calma, pidiendo permiso, diciendo por favor y gracias y devolviendo todo a su sitio original. “Si yo lo he tirado, yo lo tengo que recoger“, me llegó a decir uno al intentar ayudarle a colocar un balón que rodaba por la tienda. Tanto si le compran algo como si no se va con una sonrisa. Será un adulto estable y equilibrado.
  • El niño muermo: excesivamente tranquilo, podría estar en una tienda de juguetes o en un estanco. No reacciona ante los estímulos. Posible adulto sendentario.
  • El niño repelente: se pasa de listo.
  • El niño introvertido: tímido, reservado, muy observador, habla bajito y sólo con sus padres. Necesita tiempo para coger confianza. No lo presiones o será peor.
  • El niño tirano: pobres de sus padres si no consigue lo que quiere. Son impacientes, quejicas, intolerantes. Suele irse de la tienda llorando, a veces en volandas, otras veces a rastras.
  • El niño tocapelotas: le reconocerás por sus heridas de guerra. Le encanta llamar la atención, arrasa por donde pasa, sin importar qué o a quién se lleve por delante. Sus efectos, en la mercancía y en mi paciencia, son demoledores.

Tipos de padres

  • Si bien el temperamento de un niño tiene un origen biológico, el ambiente es determinante. ¿Qué quiero decir?. Pues sencillamente “de tal palo, tal astilla”.

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  • Padres adorables: tranquilos, con autoridad pero no autoritarios. Sus hijos les quieren y respetan, tienen libertad para pensar y actuar pero conocen los límites. Ante momentos de crisis optan por la comunicación y el diálogo. El NO es consensuado y aceptado. Refuerzan las conductas positivas y evitan las negativas. Sus hijos crecen siendo autónomos y responsables. Estos hijos suelen ser adorables.
  • Padres Rottenmeier: se miran en el espejo de la institutriz de Heidi. Son severos, rígidos, poco flexibles, dominantes, pautan constantemente el comportamiento de sus hijos, en lugar de abrir vías de comunicación usan la amenaza como arma. Los niños no tienen opción de elegir, de investigar, de jugar y su relación no es de respeto, sino de temor. De este tipo de relación pueden surgir dos tipos de niños: el retraído y, con más probabilidad, el rebelde, el que acaba haciendo lo contrario a lo que sus padres ansían ante la crececiente desesperación de éstos.
  • Padres sobreprotectores: tenemos, por un lado, a aquellos que dan un amor mal entendido. Les facilitan todo a sus hijos, anulándoles y convirtiéndoles en seres dependientes, caprichosos y tiranos.  Por otro, están los que ven peligros donde no los hay, “acolcharían” el mundo de sus hijos, a los que no dejan crecer. Ejemplo:
    • Una mamá se interesa por unos patines para su niña de 4 años. Mira las ruedas y me pregunta: “¿Pero se va a caer?” /// “Mmmm (pues depende de la agilidad o torpeza de su hija, pienso), pues lo cierto es que son muy estables, la rueda es muy ancha, pensada para el aprendizaje de niños de esa edad” ///Ya, pero, ¿se puede caer, no?” /// “Mmmm, pues sí, cualquier niño durante el proceso de aprendizaje puede caerse pero, precisamente pensando en eso, los patines vienen en una mochila junto a todas las protecciones necesarias” /// “Ya, pero ¿si se cae se va a hacer daño?” /// “Mmmm, pues (yo, que carajo sé, pienso) como le decía para evitar eso se tiene que poner el casco, las rodilleras…” /// “Ya, pero… (último vistazo a las ruedas)  no me los voy a llevar”. Gracias“.

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  • Padres ausentes: su leivmotiv es “es tan solo un niño”. Confunden la autoridad con crueldad, no fijan límites, no ayudan a su hijo a discernir entre lo que está bien y está mal y, por tanto, esta víctima tocapelotas, ansiosa e irreponsable, hace lo que le da la gana. La dependienta es la mala de la película y ellos los padres guays estandartes del buenrrollismo padre-hijo.

Catálogo de frases de cliente

  • Empecemos por tres clásicas y sus traducciones:
    • “No me acaba de convencer” = “no me gusta nada de nada”
    • “Voy a dar una vuelta y pensármelo” = “voy a mirar en la competencia y comparar precios”
    • “Voy a dar una vuelta y después lo compro” = “nunca más me vas a ver el pelo pero no sé decirte no”
  • Otras de las míticas. Muy oídas en boca de abuelo: ¿Y no me vas a regalar nada?”, ¿No me haces ningún descuento?”.
  • “Lo siento, el producto que me indica está agotado” // “¡nooo!, ¿seguro que no lo puedo conseguir?, ¿no lo van a traer?, pero si vine hace dos semanas y había” /// Pienso: “Pues habérselo comprado hace dos semanas, faltan dos días para Reyes, por favor….”
  • Fechas navideñas. Larga cola para pagar. Mostrador con sólo un ordenador para el cobro. Yo sudando tras él /// Ay, ¿pero estás sola? /// Mientras sonrío, pienso, “¿la respuesta no es evidente?” y “¿aunque hubiera alguien más, cómo haríamos si sólo hay un ordenador?”.
  • De nuevo fechas navideñas. Larga cola para pagar. Mostrador con sólo un ordenador para el cobro. Yo sudando tras él. “¡Esto es inadmisible, esperar tanto para pagar!” /// Mientras sonrío, pienso: “Señor, lo que es inadmisible es que espere hasta el último momento para comprar su regalo de Papá Noel y encima ahora venga con prisas”.
  • Hora de cierre, bajas la persiana hasta más allá de la mitad, te giras y ¡zas!: “Perdona, tengo que comprar un regalo, ¿has cerrado ya? /// Digo “sí, está cerrado” de una manera amable, mientras pienso: “¿No le da alguna pista sobre la respuesta el hecho de que haya tenido que entrar casi a gatas?. Son las 10 de la noche, ha tenido suficiente tiempo desde las 10 de la mañana para venir. ¡SI, ESTA CERRADO!

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Hasta aquí este “estudio” nada científico. Bajo la persiana. Cierro esta etapa de mi vida y, dejando toda ironía al margen, quiero dar las gracias. A todos los que durante este tiempo os habéis cruzado en mi camino regalándome momentos muy buenos y, también, momentos espantosos. De todos ellos he aprendido. Mi paciencia, mi empatía, mi capacidad de escucha y respuesta han mejorado con vosotros. Así que no sólo he sobrevivido a la experiencia sino que salgo de ella reforzada y mejor preparada para enfrentarme al mundo. Estas lecciones impagables de mostrador me han hecho mejor persona, mejor comunicadora y, seguro, algún día, mejor madre.

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ADVERTENCIA:

  • Esta “película” está basada en hechos reales.
  • Cualquier parecido con la realidad NO es pura coinciencia.
  • Las conclusiones de este “estudio” son fruto de una generalización. Mi muestra es extensa y representativa, aún así toda generalización es injusta con gran parte de la población.
  • Pido disculpas a aquel lector que se sienta ofendido al verse reflejado en alguno de los casos expuestos.
  • Todos los lectores tienen derecho a réplica. Es más, agredeceré entusiastamente cualquier comentario.
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20 comentarios el “Yo sobreviví como dependienta en una tienda de juguetes

  1. Cecilia, que bueno. Has conseguido tenerme enganchada de principio a fin del post. Me ha gustado mucho el catálogo de frases de cliente. Creo que cuando esté de tiendas recordaré muchas de esas frases ahora con una sonrisa gracias a tu artículo. 😉

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  2. Original, divertido y muy didáctico para aquellos que “sólo” vamos a las tiendas de juguetes a comprar. Enhorabuena por el blog!

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  3. Muy bueno y bien Cecilia, me gusta, como a muchos supongo, cómo escribes. Me alegro que hayas “sobrevivido” a tan adversas penurias de niños, niñ@ buen@ niñ@ mal@, guap@ o fe@, pesad@ o llevader@ (sin hablar del padre o madre de turno, jeje…hablo por experiencia propia…). Me alegro que hayas dado el paso y que como buena Asturiana, tenga esa convicción como lema. Enhorabuena por el post, enhorabuena por el blog, enhorabuena por ser como eres Cecilia!!!

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    • Los asturianos no nos rendimos facilmente 😉 y si a los genes sumamos comentarios energéticos como el tuyo… la única alternativa es pelear e ir a por todas! Muchísimas gracias por tus palabras, me halagan y emocionan, la verdad.

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  4. Puedo decir oficialmente que soy muy muy fan del blog ceciliavegahevia.com =) ¡Qué buen post compañera! Solo puedo decir que estoy convencido que te va a ir genial en tu nueva etapa y bueno que espero algún día poder escribir la mitad de bien que tú. ¡Mi más sincera enhorabuena!

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    • Ay, qué me sonrojo. Mil gracias Javi. Ni te imaginas lo importante que es para mí leer comentarios así de gente como tú. Aún escribo con mucha inseguridad, le doy mil vueltas a todo… y más en este post que se aleja mucho del marketing para entrar de lleno en mis divagaciones. Me alegra mucho que te haya gustado, gracias por darme fuerzas para seguir.

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  5. Qué buen rato he pasado Cecilia. Nunca me había parado a pensar en lo que ocurre dentro de una juguetería desde el punto de vista de los vendedores y las peculiaridades de ese público. Jaja! Me he reído mucho. Así que te doy las gracias y la enhorabuena por lo bien que escribes y por la valentía de apostar por lo que te gusta: la comunicación. Tienes aptitudes de sobra, así que será cuestión de tiempo que trabajes en algo que te apasiona. Las dosis de paciencia acumulada y la psicología adquirida en la tienda te serán de utilidad, no lo dudes.

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    • Si necesitas paciencia y psicología yo tengo para dar y para regalar, jajajaja. Me alegra que te haya gustado el post, la verdad que dudaba sobre si escribirlo o no, pensaba que podría ser “de poca utilidad”, pero ha sido un gran ejercicio catártico y los comentarios están siendo positivos, así que ya pienso en segunda parte, jajaja. Gracias por tu apoyo.

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  6. Jajajajaja, buenísimo, en las tiendas de ropa pasa exactamente lo mismo. El entrar a gatas es algo mítico. Te deseo mucha suerte en tu búsqueda de nuevo trabajo, seguro que das con lo que buscas. Un abrazo compañera,

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  7. Buenísimo, Cecilia. Estupendo análisis de la juguetería en cuestión, el mundo infantil, los niños y sus papás. Me ha encantado. Enhorabuena por el artículo y por tu decisión de dedicarte a la comunicación. ¡Claramente es lo tuyo!

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    • ¡Ay, muchas gracias Alicia!, me alegra muchísimo que te haya gustado el post. Dudaba sobre si escribirlo o no. Más allá de un ejercicio catártico quería que aportara algo a los lectores, que fuese un contenido de utilidad. Espero que así sea. Un abrazo

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